Cómo decir no sin sentirte mala persona

Cómo decir no sin parecer mala persona

Hay personas a las que les cuesta muchísimo decir que no.

No porque no sepan hacerlo. Ni porque no tengan claros sus límites.

Muchas veces les cuesta porque sienten que, al hacerlo, están decepcionando a alguien. Que están siendo egoístas. Que están fallando como pareja, como madre, como hija, como amiga o como compañera de trabajo.

Así que dicen que sí.

Sí a ese favor que no les apetecía hacer.

Sí a ese plan al que iban sin ganas.

Sí a asumir una responsabilidad más, aunque ya no les quede tiempo.

Y lo hacen porque creen que eso es lo correcto.

Sin embargo, con el paso del tiempo empieza a aparecer el cansancio, el enfado o la sensación de estar viviendo una vida demasiado pendiente de los demás.

Entonces surge una pregunta.

¿Cómo aprendo a decir que no?

Y aunque poner límites es importante, creo que muchas veces esa no es la verdadera cuestión.

El problema no siempre es decir que no

Cuando alguien me cuenta que le cuesta poner límites, rara vez pienso que el problema sea la palabra «no».

Normalmente me pregunto otra cosa.

¿Hace cuánto que no se pregunta qué quiere ella?

Porque cuando dejamos de hacernos esa pregunta, es muy fácil que las necesidades de los demás ocupen todo el espacio.

Empezamos a decidir pensando en lo que esperan de nosotras, en lo que sería más cómodo para los demás o en lo que evitará un conflicto.

Y poco a poco dejamos de incluirnos en nuestras propias decisiones.

No suele ocurrir de un día para otro.

Es algo que se instala despacio, casi sin darnos cuenta.

Hasta que llega un momento en el que decir que no parece casi imposible.

Escucharte no significa elegirte siempre

A veces pensamos que escucharnos implica hacer siempre lo que queremos.

Y no es eso.

Habrá ocasiones en las que decidas ayudar a alguien aunque suponga un esfuerzo. O aceptar una responsabilidad porque para ti tiene sentido hacerlo.

La diferencia es que ya no lo haces por inercia ni por obligación.

Lo haces porque lo has elegido.

Escucharte no garantiza que tomes decisiones diferentes.

Lo que cambia es desde dónde las tomas.

Volver a formar parte de la decisión

Creo que una de las preguntas más importantes que podemos hacernos es esta:

¿Yo también estoy presente en esta decisión?

No para que todo gire alrededor de nosotras.

Ni para dejar de tener en cuenta a los demás.

Sino para recordar que nuestras necesidades también existen.

Porque cuando solo escuchamos lo que necesitan los demás, acabamos desconectando de lo que necesitamos nosotras.

Y desde ahí resulta muy difícil poner límites.

Quizá por eso muchas veces el primer paso no es aprender a decir que no.

Es volver a preguntarte qué quieres tú.

¿Te gustaría que lo trabajáramos juntas?

Si sientes que ha llegado el momento de dejar de darle vueltas y empezar a escucharte más, estaré encantada de acompañarte.

La primera sesión es gratuita. Un espacio para conocernos, resolver tus dudas y descubrir juntas si este proceso es lo que necesitas en este momento.

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