Hay momentos en los que necesitas tomar una decisión y, sin embargo, cuanto más piensas, menos claridad tienes. Lees artículos, escuchas un podcast, hablas con personas de confianza, haces listas de pros y contras e intentas analizar todas las opciones para no equivocarte. Llega un día en los que parece que has encontrado la respuesta. Pero pasan unos días y vuelves exactamente al mismo lugar.
Si llevas semanas o incluso meses dando vueltas a lo mismo, es normal que empieces a preguntarte si el problema eres tú: “¿Por qué no consigo avanzar?”; “¿Por qué sigo sintiéndome bloqueada si no he dejado de pensar en ello?”; “Es importante para mí, pero no avanzo.”
Es agotador tener una decisión pendiente. Y todavía es más agotador es que esa decisión empiece a ocupar demasiado espacio en tu vida. Te roba energía, hace que pospongas conversaciones importantes, que dudes de ti más de lo que te gustaría y que, poco a poco, acabes acostumbrándote a vivir en un lugar del que llevas tiempo queriendo salir.
El motivo por el que sigues bloqueada probablemente no sea el que crees
Con los años he descubierto algo que se repite una y otra vez en las personas a las que acompaño. Rara vez llegan porque no hayan pensado suficiente. La mayoría llegan porque llevan demasiado tiempo intentando resolver la situación de la misma manera. Y eso cambia por completo la conversación, porque el problema deja de ser la falta de respuestas y pasa a ser la forma en la que las están buscando.
Cuando una decisión es importante pensamos que la solución consiste en seguir analizando. «Necesito entenderlo mejor.» «Voy a darle una vuelta más.» Pensar nos ayuda a comprender lo que sentimos y a tomar decisiones con más criterio. Pero llega un momento en el que pensar demasiado deja de aportar claridad, no porque hayas dejado de esforzarte, sino porque esa forma de buscar ya ha dado todo lo que podía dar.
¿Por qué pensar demasiado puede hacer que no avances?
Solemos creer que, si seguimos analizando una situación, acabaremos encontrando la respuesta adecuada. Sin embargo, cuando llevamos mucho tiempo intentando resolver un problema desde la misma forma de pensar, es habitual sentirnos bloqueados. En esos casos, el problema no suele ser la falta de motivación ni de esfuerzo. El problema es que seguimos intentando salir del bloqueo utilizando exactamente la misma estrategia que nos ha traído hasta él.
Es ahí donde aparece lo que muchas personas conocen como parálisis por análisis. No porque pensemos demasiado, sino porque pensamos siempre desde el mismo lugar.
No estás bloqueada porque te falten respuestas
Hay una idea que me gustaría que recordaras cuando termines de leer este artículo.
No estás bloqueada porque te falten respuestas.
Estás bloqueada porque la forma en la que has intentado encontrarlas ya ha dado todo lo que podía dar.
Esa diferencia lo cambia todo.
Porque ninguno de nosotros mira la realidad desde un lugar completamente neutro. Todos interpretamos lo que vivimos desde nuestra historia, nuestras experiencias, nuestros miedos y nuestras creencias. Por eso, cuando intentamos salir de un bloqueo solos, solemos recorrer una y otra vez el mismo camino. Nos hacemos preguntas parecidas, prestamos atención a las mismas cosas y terminamos llegando a conclusiones muy similares.
Porque son las únicas a las que podemos acceder desde ese lugar en el que estamos ahora.
Hay una pregunta en la que se basan con frecuencia mis las sesiones:
¿Y si el problema no fuera la respuesta que estás buscando, sino las preguntas que llevas meses haciéndote?
Ese suele ser el momento en el que algo empieza a cambiar. La conversación deja de centrarse en encontrar una respuesta mejor y comienza a abrir espacio para comprender lo que está ocurriendo de una forma diferente.
Ahí empieza el cambio
Hay dos frases que escucho muy a menudo:
“Qué buena pregunta.” y «Nunca lo había visto así.»
Cuanto esto ocurre todavía no se ha tomado ninguna decisión y todavía no ha cambiado nada por fuera. Pero ya ha ocurrido algo importante: ha aparecido una comprensión nueva. Y cuando comprendemos una situación de una manera diferente, también cambian las posibilidades que somos capaces de ver. De repente, una conversación deja de parecer imposible, una decisión empieza a sentirse más clara y un cambio que llevaba meses bloqueado comienza a parecer alcanzable.
Por eso entiendo un proceso de coaching como un espacio donde puedes comprender mejor lo que te está pasando y descubrir información a la que, por ti misma, quizá todavía no estabas pudiendo acceder. Y esa comprensión es la que hace posible tomar decisiones diferentes. Y en definitiva, llegar al cambio que estamos buscando.
¿Cuándo tiene sentido iniciar un proceso de coaching?
Tiene sentido cuando te das cuenta de que llevas mucho tiempo haciendo un esfuerzo enorme y, aún así, sigues en el mismo sitio.
Porque seguir intentando resolver una situación de la misma manera también tiene un coste. No solo pasa el tiempo. También se desgasta tu confianza, pierdes claridad, empiezas a dudar de tu criterio y acabas creyendo que el problema eres tú, cuando muchas veces lo que se ha agotado es la estrategia.
Buscar acompañamiento no significa renunciar a encontrar tus propias respuestas. Significa darte la oportunidad de comprender mejor lo que estás viviendo para poder avanzar con más claridad y más libertad.
Quizá la pregunta ya no sea cómo resolverlo
Si llevas tiempo dando vueltas a lo mismo, quizá no necesites pensar un poco más. Quizá necesites dejar de intentar resolverlo desde el lugar desde el que lo has estado haciendo hasta ahora. Porque muchas veces no estamos bloqueados por falta de capacidad, ni de motivación, ni de esfuerzo. Estamos bloqueados porque seguimos utilizando una forma de buscar que ya no nos permite avanzar.
Entonces la pregunta deja de ser:
«¿Qué decido?»
Y pasa a ser otra:
«¿Qué necesito comprender para poder avanzar?»
Creo que, muchas veces, es ahí donde empieza el cambio. Y también donde un proceso coaching se convierte en una oportunidad para dejar de dar vueltas a lo mismo, recuperar claridad y empezar a avanzar de una manera diferente.
¿Te gustaría que lo trabajáramos juntas?
Si sientes que ha llegado el momento de dejar de darle vueltas y empezar a escucharte más, estaré encantada de acompañarte.
La primera sesión es gratuita. Un espacio para conocernos, resolver tus dudas y descubrir juntas si este proceso es lo que necesitas en este momento.


